''Lo pulido, lo liso, lo impecable, son la seña de identidad de nuestra época. [...] Lo pulido e impecable no daña. Tampoco ofrece ninguna resistencia. Sonsaca los «me gusta». […] La estetización demuestra ser una «anestetización». Seda la percepción. […] Sin herida no hay poesía ni arte. También el pensamiento se enciende con la negatividad de la herida. Sin dolor ni vulneración prosigue lo igual, lo que nos resulta familiar, lo habitual […] También la percepción evita cada vez más la negatividad. Lo que domina la percepción es el «me gusta». […] Sin herida no hay verdad, es más, ni siquiera verdadera percepción''.
La salvación de lo bello. Byung-Chul Han. 2015.
El filósofo Byung-Chul Han, el cual tiene La salvación de lo bello como obra trascendental dentro de su producción, teorizó acerca de cómo rescatar la belleza auténtica, aquella que engloba los aspectos tanto positivos como negativos de la realidad. Lo negativo se refiere esencialmente a todo aquello que nos afecta, que nos duele e incomoda, por ejemplo, los conflictos, la tristeza, la enfermedad o la muerte, siendo lo positivo su antítesis. Así, desde la óptica del pensador, vivimos en un mundo de imágenes masivas, donde prima una belleza edulcorada y simple, positivizante en todo caso, enfocada al ‘’me gusta’’. Una belleza que no es capaz de mostrar la realidad, porque dicha realidad daña. Así, la belleza ''anestetizada'' que desarrolla Han es la que predomina en la actualidad —haciendo énfasis en los países desarrollados—.
El arte de Peru Saharrea (Pedro Sahelices Calderón, Pamplona, 1980), especialmente teniendo en cuenta su producción pictórica reciente, está orientado hacia la negación de la belleza aparencial, la belleza ''anestetizada'' que contamina nuestra cotidianidad. Sin embargo, el trabajo de nuestro protagonista no es crítico a priori. Esto quiere decir que no lo es, al menos no de un modo intencional, pero una vez que su obra se va desentrañando, se percibe un enfrentamiento implícito contra la sociedad del simulacro, siguiendo las tesis del filósofo Jean Baudrillard. De manera acertada, el historiador del arte Miguel Ángel Hernández Navarro comentó acerca de esto que ''[c]omo reiteradamente ha apuntado Jean Baudrillard, la cultura del espectáculo muestra una realidad aparente, un mundo limpio, higiénico, sin sobras… […] El simulacro elimina (o intenta eliminar) cualquier vestigio de la realidad'' (Miguel Ángel Hernández Navarro, La so(m)bra de lo real: nueva edición revisada y ampliada, 2021). Dentro del mundo actual, oculto por la falsedad, la belleza explotada es un instrumento fiel para mantenerlo en funcionamiento, para que, en general, quede sedada la percepción; una vez que la sociedad no es capaz de comprender más allá, se convierte en sierva de aquellas personas que se lucran con la vida simulada. El papel capital de la belleza ‘’anestetizada’’ suele relacionarse con los negocios y, en cierta medida, con los gobiernos que lo promueven para garantizar su poder y continuidad. Inmiscuyéndose en la vida del individuo, este termina contagiado, anestesiado. Intenta ocultar aquello que le duele, mientras que la cruda realidad no le afecta tanto como se esperaría. Es un sujeto anestesiado.
Saharrea trabaja la pintura desde la abstracción geométrica, por lo que sus obras están normalmente pobladas de figuras como triángulos, cuadrados y rectángulos. La geometría transmite una sensación de limpidez y orden. Cabe recordar que ''lo abstracto (y lo geoabstracto) es una forma generalmente simbólica omnipresente, es un medio que adopta nuestra sensibilidad con el que establece una relación especial, un método, incluso, de exploración y manifestación de lo inefable; […] Lo geométrico se halla pues profusamente en nuestras vidas: la matemática la naturaleza, el arte, la cultura toda'' (Leopoldo La Rubia de Prado, La aventura de la abstracción: Fenomenología de la abstracción en el arte desde el paleolítico a las neovanguardias, 2015). El filósofo Leopoldo La Rubia, investigando en torno a la abstracción y centrándose en la abstracción geométrica, confirma la presencia de esta ciencia, de manera visible o más disimulada, en los distintos aspectos de la realidad. Pero, centrándose en la cultura, el arte abstracto, pese a remontarse al Paleolítico, normalmente viene acompañado de un carácter innovador o mínimamente renovador dentro del panorama artístico. Así sucedió en las vanguardias artísticas, aún cuando había antecedentes a finales del siglo XIX. Y no solo en lo referente al mundo del arte, sino que su capacidad de parecer ''nuevo'' está vigente hoy día. A colación de esto, La Rubia de Prado añade que ‘’lo geométrico, […] tiene en la actualidad un significado de modernidad, de actualidad, de renovación, pero además, cualquier producto que en la actualidad pretenda mostrarse como bien acabado y pregnante habrá de satisfacer unas necesidades estéticas, […] que dé[n] sensación de estar bien acabado, de rotundidad, geométrico’’ (Leopoldo La Rubia de Prado, La aventura de la abstracción: Fenomenología de la abstracción en el arte desde el paleolítico a las neovanguardias, 2015).
Por tanto, existe un vínculo entre la geometría y la belleza maquillada que denuncia Han en su ensayística. ''Lo pulido e impecable no daña'' tiene conexión directa con dar la sensación ''de estar bien acabado, de rotundidad, geométrico''. Lo nuevo, lo actual, tiende a la pureza de las formas, así que la geometría destaca y los cuerpos geométricos, generalmente ejecutados sin textura, lisos, unificados, donde no cabe el error, son tendencia.
Saharrea, aprovechando las connotaciones que tiene la geometría, la utiliza en su trabajo como principal motivo artístico para dar una vuelta de tuerca a los significados fundamentales que la acompañan. Aunque idea con precisión cada figura, incluso ensayando con bocetos a través de los medios digitales antes de empezar las obras, la perfección, la lisura, la limpieza se terminan rompiendo una vez inicia la pieza. Cuando el trazo toca el soporte, se produce un trastocamiento que, por el momento, es diminuto. Los soportes elegidos por nuestro protagonista son principalmente el papel para grabado y también el fabricado a mano, el lienzo de algodón y, en menor medida, la tabla y la arpillera. Se caracterizan por su gran poder háptico, incluso detectable en el lienzo mediante su trama, haciendo tambalear la solidez de las líneas geométricas. Ni qué decir cuando emplea trozos de tela cosidos, haciendo posible una suerte de orografía. No obstante, la ruptura total se produce a la hora de incorporar color a la obra. Artista de técnica mixta, Saharrea no duda en emplear aquellos materiales que le resultan más convenientes, experimentando en cada pieza, pues el resultado es impredecible. Pero la disposición del color es el proceso que visibiliza el estallido de la imperfección en un microuniverso que parecía controlado, que entroncaba con la definición de la perfección: aquel constituido por las formas geométricas. La pintura tiende a rebasar la línea que delimita los contornos. Dependiendo de su viscosidad, se derrama de una manera más notoria o de modo limitado. En cualquier caso, cuando la figura se mantiene intacta en ese aspecto, la pintura empastada y aún líquida fluye por el soporte sin ser detenida o corregida por Saharrea.
Saharrea aprecia el valor de lo accidental, del azar, en lugar de intentar detenerlo, de que todo esté planificado y sea inalterable. Así, el desarrollo de una obra se basa en mostrar que la perfección no es un objetivo que seguir en el arte y que tampoco debe intentar buscarse en general. Asimismo, el autor navarro incide en contrariar la iconología de la geometría, pero especialmente, siente la necesidad de alterar cómo se entiende la geometría en el presente, cuando se la liga a ''[l]Lo pulido, lo liso, lo impecable'', a lo ''bien acabado y pregnante''. Lo que la geometría a priori configura de forma clara, invariable, matemática en definitiva, aquello que estructura minuciosamente, revienta con la texturización del soporte y la nacida gracias a las técnicas. De haber conservado la geometría con ortodoxia, Saharrea realizaría obras anestetizadas que incitan al ''me gusta''. Sin embargo, la irrupción de la arbitrariedad permite que su trabajo se investigue desde lo estético, engendrando una belleza como la reclamada por Han, que aúna lo positivo y lo negativo. En relación con esto, su praxis niega la simulación, evitando que el público se encuentre con piezas vacías, higiénicas, facturadas para decorar e introducirnos en una existencia vacua y férreamente vigilada.
En el caso particular de nuestro protagonista, los accidentes, los hipotéticos errores —que reivindica por su vividez, por su naturalidad— son, sobre todo, maneras de expresar cómo sanar la herida, mejorando la propia percepción del mundo, liberándose de las constricciones que le han ido mermando con el tiempo. Su arte, por tanto, surge de dolor, de la inconformidad, tiene un fondo negativo, pero al pintar, el autor consigue la catarsis y da a luz a lo positivo, que es la convivencia con la herida, aceptarla y seguir avanzando. Por esta razón, cada obra suya enseña una forma de encarnar la verdad, de abrazar la libertad y recuperar la plena percepción en detrimento del engaño, de lo aparentemente prístino y transparente, de la sociedad del espectáculo y su belleza ''anestetizada'' que nos secuestra desde la sutileza.
Imágenes cortesía del artista.

