''No existe pueblo alguno en el mundo que no haya reflejado en los cielos estrellados las fuerzas y los mitos preeminentes de su cosmos. […] Contemplamos las estrellas, les pedimos deseos, les rezamos y vemos en ellas los fósforos de nuestro firmamento psíquico. Durante miles de años las estrellas han orientado al viajero, al marino y al peregrino del mismo modo en que la consciencia se orienta por los destellos de las formas imaginables de la psique al navegar por su propia oscuridad desconocida''.
El libro de los símbolos: reflexiones sobre las imágenes arquetípicas. Varios/as autores/as. 2011.
La estrella configura una de las imágenes arquetípicas primordiales investigadas en el libro que introduce el presente texto. Aquí se analiza la estrella desde sus aspectos iconológicos, con una fuerte impronta del psicoanálisis, teniendo en cuenta que cada relato del libro se construye basándose en la visión del psiquiatra y psicólogo Carl Gustav Jung, miembro fundamental de esta teoría. La estrella remite, en muchos casos, a cuestiones positivas, pero también un tanto misteriosas. Así, las estrellas, elementos astronómicos fundamentales, son parangonables a nuestra consciencia, la cual intenta proyectar luz en la ''propia oscuridad desconocida'' del ingobernable inconsciente; del vasto universo, el auténtico y el interior, en definitiva.
El pintor Sébastien Mabille es, claramente, un artista abstracto cuya obra se ve influenciada por la noción de universo como entidad descomunal y hermética que le atrae profundamente. De forma constante, más allá de otros asuntos que puedan inspirarle, el cosmos es un tema predilecto para Mabille y siempre se ubica en su trayectoria de manera capital. Nuestro protagonista observa el cosmos como sinfín de posibilidades. Es la infinitud, lo eterno, lo recóndito que todavía está por descubrir. Y, dentro de ese firmamento arcaico y extraño, las estrellas son cruciales, son faros; nos orientan, revelan cuestiones. En su pintura, el universo se muestra implícito en cada pieza artística. Sin embargo, su aspecto original no es fácilmente detectable, pues evoca a la nada, el vacío.
A nivel físico, se aborda gracias al fondo de la composición del lienzo, vacuo, pintado de un color uniforme, al que se le superponen metafóricamente las estrellas, es decir, los trazos vívidos, expresión pura de cromática y, sobre todo, de gesto, que iluminan cada pieza artística. Estos reducen la ''oscuridad desconocida'' del fondo compositivo al que equivale al cosmos y que también se identifica con el inconsciente. Con todo, el inconsciente no puede, ni debe ser eliminado de la obra; su presencia fáctica se sepulta a través de las pinceladas-estrellas, de los estallidos cromáticos, pero esto no suprime el aspecto conceptual del inconsciente en relación con la pieza de arte.
De esta suerte, el inconsciente permanece a través del desarrollo de la obra. El autor, buscando la luz en la oscuridad del firmamento mental, utiliza la improvisación y lo azaroso durante su proceso artístico. Por tanto, estos recursos, nacidos del descontrol, toman finalmente un camino correcto, armonioso, que manifiesta en lugar de ocultar. Mabille es un artista que necesita estar concentrado para crear, pero, en especial, le hace falta sentir emoción e inspiración. Sus piezas artísticas surgen de la externalización de la psique inconsciente y consciente, incidiendo en la afectividad, en su estado de ánimo, originándose un arte catártico, donde todo aquello que es negativo, inestable, triste, melancólico, se purifica y el público observa dinamismo, fluidez y una explosión de energía positiva en cada pieza artística; remite a la luz de las estrellas que ''han orientado al viajero, al marino y al peregrino''. El público es capaz de redimir su estado afectivo, del mismo modo que el autor, y, navegando en su inconsciente, encuentra la vía consciente, la estrella-trazo, la luz y el color.
Imágenes cortesía del artista.