Luis Berta: un arte afectivo a lo postpovera

''[E]n la segunda [opción], un arte pobre, […] la univocidad pertenece al individuo y no a «su» imagen y a sus productos. […] El artista deja de ser explotado para convertirse en guerrillero; quiere escoger el lugar de combate, disponer de las ventajas de la movilidad, sorprender o golpear; y no lo contrario. […] Se trata, en este último caso, de un ser que prefiere la esencialidad de la información, que no dialoga ni con el sistema social ni con el cultural, […]''.

Arte povera: apuntes para una guerrilla. Germano Celant. Flash Art, n° 5, noviembre-diciembre de 1967.


El historiador del arte y teórico Germano Celant acuñó el término arte povera para definir a aquel tipo de arte que se encontraba separado de los movimientos artísticos vigentes en los años sesenta, como el arte pop, el expresionismo abstracto, el arte óptico, etc. Su desarrollo fue posible gracias a la actitud de una serie de artistas marginales, les cuales buscaban ''escoger el lugar de combate'', alcanzar ''la esencialidad de la información'' y mantenerse independientes del sistema vigente —incidiendo en la cultura-arte y la economía—. La denominación de arte povera o arte pobre se debe a que utilizaban recursos materiales de desecho, que incluso podían degradarse fácilmente con el paso del tiempo. De ahí la importancia ''del lugar de combate’’, que para estes artistas fueron los materiales precarios, que a nadie le resultaban ya necesarios, elevándolos a arte; un arte ''guerrillero'', sin afán de transformarse en ''producto'', rechazando el éxito comercial.

Nº 96, Suda. 2026. Acrílico sobre lienzo. 40 cm x 30 cm.

Dentro de una base postpovera se sitúa el artista Luis Berta, especializado en pintura sobre soportes en madera. Son maderas que ha podido recuperar del abandono, encontrándoselas él mismo o bien consiguiendo aquellas ya recicladas. No todos sus trabajos están sobre este soporte, pues también utiliza lienzo, pero lo llamativo de la madera empleada es, en efecto, su carácter de desperdicio, de algo sin aparente vida útil, que Luis rescata para transformarlo en el inicio del proceso hacia el arte ''guerrillero'' tan distintivo de su trayectoria.


Así, las obras de nuestro protagonista están muy condicionadas por el soporte, que les concede una superficie determinada, incluso una vez que la obra está ya concluida. El valor de las texturas generadas es fundamental, permitiendo que sus trabajos pictóricos adquieran potentes cualidades hápticas. Las superficies sin trabajar, rugosas, los rasguños y roturas, las partes más débiles y las más robustas, las zonas alabeadas y las planas, son accidentes innatos de lo leñoso que ha conseguido reconquistar para su praxis artística. Por tanto, decide moldear mínimamente estos rasgos; solo los trata con el objetivo de que no sea peligroso manipular las obras. 

Nº 34, Pancho y Moncho. 2024. Acrílico sobre contrachapado marino. 60 cm x 50 cm.

Por lo demás, Luis exhibe la pobreza, pero también la naturalidad de las maderas recuperadas, las cuales dignifica e introduce en el mundo del arte, dándoles una nueva existencia, pero siempre desde un arte marginal, muy individual, personal, que se enfrenta a los dictados del mercado artístico y revela nuevas o alternativas formas de creación contemporánea, igualmente válidas. En este caso, con la marcada herencia del arte povera detrás. No solo por el uso de soportes reaprovechados. La pintura de Luis es, en general, carente de grandes recursos técnicos, reutilizando numerosas pinturas e instrumentos relacionados, puesto que ya los tenía previamente a su disposición, pero no fueron comprados para crear en su inmensa mayoría. Incluso, el autor puede emplear recortes de periódico para elaborar collages. Su arte es puro reciclaje, dictado por su afectividad.


Esto se debe a que Luis no empezó a pintar profesionalmente. Lo hizo como una pasión autodidacta que nació de manera azarosa, pretendiendo encontrar intereses novedosos en su vida. En cierta medida, el trabajo de nuestro protagonista recuerda a una suerte de alquimia artística, transmutando la materia original —la madera desperdiciada, los instrumentos pictóricos encontrados, los retazos de periódico…—, convirtiéndola en la piedra filosofal, en la obra de arte definitiva, moldeada por las manos del pintor. Un ejercicio mental y manual que libera, a modo de catarsis, el yo del artista, externalizando sus emociones, sentimientos y estados de ánimo toman forma en la pieza artística. 

N°14, Wuaublue. 2024. Acrílico sobre madera reciclada. 48 cm x 41 cm.

Lo representado en sus obras es figuración, con un estilo un tanto naíf y postexpresionista, con una paleta cromática reducida, económica, en el idéntico sentido que el resto de los elementos de su producción. Estos motivos son puros, sencillos, a veces risueños, otras irónicos, que exploran distintas facetas afectivas; en ocasiones tienen que ver con el sentir de Luis, entretanto otras veces son exploraciones de aquello que observa a su alrededor y que de algún modo le conmociona o simplemente llama la atención. En todo caso, los personajes se encuentran en plena sintonía con la superficie irregular de la madera, de hecho, toda pintura erigida sobre el soporte leñoso está condicionada desde el principio a la resistencia y aspecto nativo de la madera —aún tratándola primero—, por lo que no resulta extraño que las pinturas, una vez concluidas, manifiesten con claridad las características del soporte. Esto ya se había adelantado; son pinturas visuales y táctiles de gran espontaneidad.


Imágenes pertenecientes al artista.