''Asimismo, la escultura debe portar espíritu, debe trasladar el espíritu a la materia, es decir, tiene que portar un cierto contenido de verdad, y esto lo hace a través de la espacialidad, una espacialidad real pero inmediata, la que le dan los materiales y la figura de la representación. Además, representa lo particular como tal, pero a través se pretende llegar a lo general, al tipo del que antes hablábamos. Esto es, a través de la representación particular, singular, del espíritu, alcanzamos lo general, lo común a la especie''.
Ensayos de teoría estética y de las artes. Cesáreo Villoria. 2021.
El teórico Cesáreo Villoria, en su obra magna publicada en 2021, hace un repaso a las distintas artes visuales grosso modo tradicionales —pintura, escultura, cine, etc.—, dedicando unos pasajes a la reflexión en torno a la escultura. Villoria rescata la postura del filósofo Georg Hegel acerca del arte escultórico, incidiendo en cómo este pensador consideró que la escultura debía ''portar espíritu''.
La escultura de Dan Reisner (Haifa, 1964) simboliza a la perfección cómo el espíritu puede encarnarse correctamente mediante el arte, en su caso, la escultura. Este artista trabaja con la figuración, centrándose en plasmar al ser humano, si bien es cierto que no resulta siempre realista, al contrario de lo deseado por Hegel. Evidentemente, el arte contemporáneo tiende a romper con los esquemas previos, y Reisner alterna una escultura académica, puramente ligada a la representación idealizada del cuerpo humano, con otra cuya fuerte carga simbólica —que no está exenta en el tipo más clásico, en todo caso— conlleva a la incorporación de elementos disonantes, por ejemplo, letras de gran tamaño fusionadas con los cuerpos, distorsiones de las extremidades, combinación de áreas realistas con otras más abstraizantes y/o surrealistas-fantásticas, añadidura de indumentaria y objetos, en ocasiones, de proporciones mayúsculas respecto a la figura, etc. Tiene algunas piezas que se apartan de esta premisa, pero no son tan habituales en su carrera.
Wound. 2022. Bronce. Fotografía: Avi Amsalem.
Reisner es capaz de alcanzar ''lo común a la especie''; logrando explorar ''cierto contenido de verdad''. Reisner externaliza su espíritu, su yo, gracias a la materialización de este, con el cultivo exhaustivo de las técnicas y materiales precisos, en su caso, el bronce y la cerámica son los más importantes. Con todo, el bronce es el material que más emplea en su escultura, el cual se vincula con la tradición occidental, recordando las esculturas en bronce iniciadas en la Antigua Grecia. Asimismo, se conecta con el pasado y entronca con la experiencia vital del artista. Así, Reisner concede significado al uso de este material y a la técnica con la que realiza sus piezas: la fundición a la cera perdida. Una técnica ancestral a la que otorga un valor conceptual especial, parangonándola con su propia evolución personal, incidiendo en la parte sentimental y emocional. La fundición a la cera perdida le permite consolidar la representación que pretende crear, y una vez comienza la fundición del molde de cera, se va sustituyendo el material original por el bronce en estado líquido. Una vez enfriado, se conforma la pieza definitiva; es la transmutación de la afectividad del artista, viajando desde su interior y tomando la forma de algo corpóreo, es decir, el bronce endurecido.
El bronce exhibe figuras humanas de gran calidad y de intrínseca complejidad cuando el autor apuesta por agregar elementos simbólicos que dotan a sus esculturas de un aire fantástico-totémico-surrealista. De esta manera, el proceso de significación comienza, no con la fundición a la cera perdida, pese a su relevancia conceptual, si no con la plasmación de las ideas en bocetos, tras definir paulatinamente qué mostrar y qué suprimir. Finaliza cuando se concluye la obra de arte. El yo se proyecta en todo momento, desde la parte más abstracta de la creación —la idea— hasta que toma fisicidad. Sin embargo, es un yo enfocado, al igual que se comentó anteriormente, en lo afectivo; la principal misión del artista es proyectar, a través del arte, su autopercepción. Sus esculturas aluden a distintas facetas de su identidad, a modo de autorretratos alegóricos, dado que no son autorretratos que respeten el aspecto físico de Reisner; aluden únicamente a su lado interior. Por esta razón se vuelca en la representación masculina.
Right hand, left hand. 2013. Bronce. Fotografía: Avi Amsalem.
Se centra en cuestiones clave, siendo capital reflejar en su arte el trastorno de estrés postraumático que le aqueja desde que realizó el servicio militar. Igualmente, se enfoca en los estados de ánimo, sentimientos y emociones más severos que va padeciendo a lo largo de su vida, pero también en asuntos que llaman su atención, que forman parte de sus gustos e intenciones, por ejemplo, la diversidad cultural y la necesidad de conservarla frente a movimientos político-sociales globalistas, invasores, etc. En relación con la cultura y su voluntad de aceptar las diferencias entre pueblos para poder abrazarlas y lograr la concordia, destaca su serie de esculturas en la que combina figuras masculinas, individuales o colectivas, con caligrafía árabe, encontrando la armonía visual en esta asociación singular. Otras piezas escultóricas manifiestan con plena contundencia su rechazo a la opresión que sufren las personas que son víctimas de las fobias, por ejemplo, aquellas que han perdido la vida por racismo y abuso de la autoridad. Su homenaje a George Floyd es clave.
Men in sack. 2012. Técnica mixta. Fotografía: Avi Amsalem.
Otro rasgo interesante es la predilección de Reisner por la historia del arte occidental es un asunto que le gusta explorar puntualmente. Es fundamental su escultura inspirada en el grabado de Francisco de Goya, titulado Los ensacados (1815-1819), la cual quiere instalar para homenajear la personalidad de Goya en su pueblo natal Fuendetodos.
Su arte es claramente catártico, tanto por liberarse de lo negativo, incómodo y lastrante mediante la escultura, como debido a la externalización de posibles respuestas a situaciones difíciles y que a priori son desapacibles o antagonistas, pero que pueden tener una solución factible. Cuestiones internas que luchan hasta que el autor consigue liberarse y darles respuesta. Sus piezas artísticas pueden surgir del dolor y finalmente emanar esplendor, no solo para Reisner; también para el público que las observa. En este aspecto, ''a través de la representación particular, singular, del espíritu, alcanzamos lo general, lo común a la especie''. Una sensación de alivio en el público, de mostrar la verdad, la vulnerabilidad de las personas y la intención de sanar las heridas. Sin olvidar que hay tensión sin resolver en cada pieza, y un halo de misterio por lo poder navegar en lo más hondo del autor, a lo que se suma lo frecuentemente complejo de su iconografía. Esto, en definitiva, puede causar la impresión de tranquilidad y perplejidad a la par. La misión de cada espectadore es reflexionar en torno a lo que está viendo, encontrando sus propios caminos de catarsis y sanación.
Imágenes cortesía del artista.

