Anna Perzhan: pinturas ctónicas para revelar lo auténtico

''[H]oy nuestra cotidianidad se encuentra llena de imágenes, y, ante ese fondo de imágenes que suplantan lo real, el arte sólo puede definirse por medio de un intento de eludir tal imagen, un intento de volver a una dimensión […] póstuma, ya que, en las postrimerías de la imagen-espectáculo, el arte funciona a contracorriente, dando o intentando dar el reverso de la imagen. En la era de la ilusión, el arte se transforma en ''elusión''. […] [a] lo que llamamos arte sólo le queda cada vez más la opción de romper el placer visual del espectáculo, la opción de decepcionar la mirada''. 

La so(m)bra de lo real: nueva edición revisada y ampliada. Miguel Ángel Hernández Navarro. 2021.

El historiador del arte Miguel Ángel Hernández Navarro, en su obra clave a colación de la antivisión —noción la cual alude a la lucha contra la hegemonía visual—, explora las distintas estrategias artísticas que se enfrentan al régimen escópico, es decir, el sistema basado en la supremacía del sentido de la visión. Todas estas tienen en común el juego con la mirada, en el aspecto de intentar truncarla; que la visión no sirva para alcanzar una experiencia completa, invitándonos al cuestionamiento de la validez escópica y llevándonos a comprender estadios distintos y profundos. Dentro de esta trayectoria se encuadra la pintura de Anna Perzhan (Chisináu, 1987), caracterizada por la abstracción, utilizando una paleta cromática muy oscura. Cuando emplea el negro, es más exacto denominarlo un no-color, que evoca la ausencia total de luz. Los colores tan negruzcos remiten a la casi total carencia lumínica. Dentro de un mundo basado en el espectáculo (término proveniente del latín speciō, mirar), la falta de luz quebranta su capacidad de existir tal y como se conoce hoy día. En ese contexto, lo que se espera es el acontecer de una metanoia generalizada o, al menos, que el público, como receptor de la obra artística de la antivisión, tome conciencia de la situación que está viviendo.

Series Pe negru, Pe pământ. 2025. Óleo sobre lienzo. 100 cm x 100 cm.

El negro, pero igualmente cualquier color oscuro, destacando en Perzhan su uso de verdes y azules, traen a colación diversas ideas emparentadas, a priori negativas, pero que, tras un camino de entendimiento, de transformación, presentan lo positivo en estado puro. Así, ''[e]l negro es podredumbre, descomposición y suciedad. Pero esa suciedad negra puede ser el propio mantillo, la fértil capa que cubre la tierra y de la que surge la vida. […] [L]a nigredo […] expresaba la conjunción con el ilimitado y exuberante potencial de la psique en el que podría concebirse el dorado embrión del propio sí-mismo'' (VV. AA., El libro de los símbolos: reflexiones sobre las imágenes arquetípicas, 2015). 


Primamaterie. 2025. Técnica mixta sobre lienzo. 90
cm x 100 cm.

Esta consideración, arrojada por una serie de autores/as afines al pensamiento del psicólogo y psiquiatra Carl Gustav Jung en torno a lo que simboliza el negro, resulta fundamental para comprender el arte de Perzhan. Del mismo modo que la fase de nigredo en la alquimia consistía en la descomposición de la materia prima, reduciéndola a una masa negruzca, para alcanzar progresivamente la piedra filosofal, Jung parangonó estos periodos alquímicos con la evolución de la psique. La nigredo aborda el primer paso para la transformación del individuo, una vez se da cuenta de sus aspectos dañinos y destructivos, o incluso de sus errores, asumiendo las tinieblas que permanecen en su interior para cultivar su superación, su disipación.  

Por tanto, la pintura penumbrosa de nuestra autora remite a una suerte de nigredo en la que la materia se exhibe oscura para aclararse posteriormente al reflexionar sobre esta, al mejorarla, al encontrar el camino adecuado para hacerla realmente valiosa. De este modo, Perzhan nos enseña que la materia oscura y primordial forma parte de un proceso inicial donde existe una vía para poder transformarla, revelándose finalmente como fuente de nutrición y renovación. Al igual que nuestro yo es oscuro al comienzo, este transmuta tras percatarnos de lo negativo que tiene, habiendo opción de cultivarse, de perfeccionarse, dando un giro de conciencia, una metanoia individual; poéticamente, el ''exuberante potencial de la psique en el que podría concebirse el dorado embrión del propio sí-mismo''. El yo, su identidad, sus rasgos, se aceptan y se asciende brillando, aventajándose respecto a lo nefasto.  Lo oscuro y primigenio antes citados tienen su parangón en lo inefable y desconocido, externalizados a través de las composiciones pictóricas oscuras, ofreciendo la posibilidad de una interpretación completa del entorno, provocando un renacer; el surgimiento de una nueva vida. A la par, sus colores cercanos al negro absoluto son siempre cálidos, asociándolos a lo orgánico, a la naturaleza y a lo vivo, a lo terrestre-ctónico. Opuestamente, las tonalidades negruzcas frías le recuerdan al universo de lo artificial, lo manufacturado, metales y otras materias procesadas de forma fabril, inertes. 


Don't look up. 2025. Óleo sobre lienzo. 90 cm x 100 cm.

Las piezas artísticas de Perzhan aluden a la superación personal, al reconocer el caos propio y externo como una fuerza desordenada pero reconducible, al igual que ocurrió en la Gran Explosión. Y, para conseguirlo, es necesario combatir ''ese fondo de imágenes que suplantan lo real'', realizando una práctica que eluda ''tal imagen''. Actualmente, la intoxicación visual, la infoxicación, son cuestiones a las que nos hemos acostumbrado, y podemos sufrirlas en mayor o menor medida, considerándolas algo normal en estos tiempos. Sin embargo, la suplantación de lo real que cita Hernández Navarro no puede dejarse atrás; en muchas ocasiones, lo que observamos, además de saturarnos, sesga, oculta o niega la realidad. El régimen escópico posee ramas corruptas que nos proyectan tergiversaciones y mentiras. El purismo de nuestra protagonista, la abstracción pictórica basada en el cultivo del cromatismo reducido, atezado, opaco en conjunto, cuestiona, satiriza, todo aquello que vemos o que se nos ofrece al sentido de la vista. Promueve nuestro conocimiento más allá de dejarnos engañar por el ojo, o por lo que la mirada es capaz de entender en primera instancia, posibilitando nuestro avance, desde el caos escópico-espectacular, hacia la comprensión verdadera de la realidad y de nuestra existencia. Se inicia con la nigredo del sujeto, pasando a una dimensión más amplia y comunitaria, traducida en la presencia del público. Una vez que el individuo se transforma, está capacitado para reformar todo lo demás. 


Imágenes cortesía de la artista.