Ruth Monthore: paisaje natural-artificial

''La presencia humana no es sólo expulsada físicamente: la naturaleza muerta también expulsa los valores que dicha presencia humana impone en el mundo''.

Volver a mirar: cuatro ensayos sobre la pintura de naturalezas muertas. Norman Bryson. 2005.

 

En uno de sus trabajos clave, el historiador del arte Norman Bryson se volcó en el análisis de la naturaleza muerta. Un género artístico, fundamentalmente relacionado con las artes bidimensionales —pintura, grabado, fotografía, etc.— que desde antaño se consideró por debajo de otros géneros del arte, incidiendo en aquellos que incorporaban figuras humanas. Bryson analiza esta cuestión, mostrando que la naturaleza muerta, el bodegón, elimina de manera consciente esa ''presencia humana''. La rehúsa porque su propósito es despojar a la humanidad de sus valores concretos, o dicho con mayor precisión, del poder que ''impone [y exhibe] en el mundo''. En estos cuadros, lo mostrado puede ser vegetal, consumible o no por el humano, al igual que cualquier tipo de alimento es susceptible de representarse. Asimismo, tal vez se trate de algo ornamental o esté ahí por otras razones, véanse, simbólicas. Pero el ser humano no está en la composición. El máximo protagonista se ha desterrado de la obra de arte.                                                     


Límites. 2025. Plantas preservadas sobre algodón70 cm x 50 cm.

Las obras artísticas de Ruth Monthore (Madrid, 1983) se aproximan al género tradicional de la naturaleza muerta, haciéndolo evolucionar e insertándolo en la absoluta praxis artística contemporánea. Una mirada sencilla ya es útil para revelar esta cuestión, pues las protagonistas de las piezas de Monthore son las plantas; seres vivos habituales en las naturalezas muertas. Al igual que en un florero plasmado sobre un lienzo, sus plantas se encuentran congeladas en el espacio-tiempo al que pertenecieron en su día. En el primer caso, se ha perdido todo rastro de su existencia. Sin embargo, nuestra protagonista apuesta por introducir plantas —y también hongos conservadas artificialmente en sus obras —adquiriéndolas en una empresa especializada en esto, mostrando un modo de practicar diferente y revolucionario, el cual tiene sus precedentes en la ciencia botánica, que desde hace siglos busca mantener lo mejor posible la apariencia de los ejemplares recogidos. De esta manera, sus plantas son, a priori, perennes, sempiternas.


Habiéndose formado en paisajística debido a su fuerte interés previo por la naturaleza y las maneras de presentarla-ordenarla mediante el jardín, Monthore concibe sus obras pensando en la noción de paisaje microscópico. Jardines encapsulados e incorruptibles, los cuales pretenden expulsar los ''valores'' humanos que nuestra especie ha implantado en la Tierra. Aún siendo creadas por una persona, es palpable el deseo de eliminar, o por lo menos invisibilizar, la intervención humana en cada obra de Monthore. Sus piezas son cuidadosas, de gran pulcritud técnica y estética, donde las plantas preservadas se disponen sobre lienzo de algodón o de lino, originando formas que rememoran a la naturaleza, aunque es una naturaleza ordenada; un jardín en miniatura.

                    Escapismo. 2025. Liquen preservado sobre lino. 50 cm x 50 cm.


La autora siente que su producción artística, al contrario de lo que pueda parecer en un inicio, marca la dinámica de transformación constante de la vida, de la naturaleza, en la que el ser humano no tiene capacidad suficiente de imposición, siguiendo a Bryson. Aunque sus microcosmos vegetales estén suspendidos del marchitamiento natural, no permanecen exentos respecto al envejecimiento que termina soportando cualquier material. Evidentemente, las obras actuales lucen en un perfecto estado, las plantas, tallos, hojas y flores mantienen la forma y color originales, aunque con el tiempo, la apariencia puede modificarse, perder sustancia, y el color tiende a apagarse. Por tanto, hay una dinámica de transformación implícita, pero lenta y no demasiado perceptible de modo cotidiano. Es algo que a corto o medio plazo no se palpará. Sucede lo mismo en cualquier jardín, en cualquier parque que luce impecable, el cual parece siempre vivo y vivaz, pero que se descontrola fácilmente si no se cuida, llegando a tener problemas diversos, por ejemplo, falta de riego, de poda, malas hierbas, plagas y un porte cada vez más agreste y desligado del ''valor humano''. Del control pasa al descontrol, del orden al caos. Habiendo residido en Inglaterra y enamorándose de sus jardines, Monthore pone en práctica una suerte de paisajismo inglés, en el que la naturalidad, lo silvestre y una cierta desorganización, aunque deliberada, dominan el estilo. Pero incluso el jardín inglés puede terminar en un estado ruinoso, de gusto romántico, transhistórico.

 

Con todo, sus plantas conservadas artificialmente permanecen también en un curioso estado liminal; de aspecto vivo, están muertas, y todavía desgastándose con el avance de los años, pero se prolongarán con una buena imagen, en contraposición con aquellas que, no habiendo sido preservadas, desaparecerán. Se había asumido que la naturaleza muerta en una pintura o arte semejante es una representación de algo que había existido y que ha perecido sin que lo hayamos podido registrar de ningún modo. Aquí sucede lo contrario; hay una tensión entre vida y muerte, ya que las plantas de Monthore han perecido primero para mostrarse luego radiantes, añadiéndolas al soporte que las expone. 

         
Pecera. 2025. Plantas preservadas sobre lino. 50 cm x 50 cm.

El tema de la vanitas igualmente se puede traer a colación en el trabajo de nuestra protagonista. La función de algunas de las naturalezas muertas en la historia del arte occidental fue precisamente apuntar a la fugacidad de la vida, plasmándolas en un estado de paulatina decadencia, con flores y hojas palideciendo, con insectos comiéndose o habitando las plantas, acelerando su putrefacción. Este mismo sentimiento lo transmiten las obras de Monthore, a pesar de mostrar, y repetimos, a priori, una apariencia sempiterna, la cual tiene evidentemente un dispositivo simbólico operando detrás.  


Imágenes cortesía de la artista.